Esta vez no estabas y ademas llovía. Tampoco has sido tu el que me ha dicho "coraje", sino mi subcosciente; paradójico ya que suele dedicarse a traicionarme. Y en realidad no me queda otra: ni tus uñas en mi espalda, ni tus zapatos en el suelo de mi habitacion, ni tu chaqueta tirada en mi cama ni tu mirada dentro de la mia, ni mucho menos tu en mi sofá.
Solo me queda eso, coraje y cada uno de los consuelos de cada noche que encuentro entre cigarrillos, copas y labios ajenos que, por desgracia para mí, no se parecen a los tuyos.
Ahora estoy tirada en el sofá agarrada al coraje sin saber que hacer con él y tirando tus recuerdos a la chimenea a ver si el fuego los arranca de mí de una vez por todas.

No hay comentarios:
Publicar un comentario