Apagaste el brillo de mis ojos y mataste todas las mariposas de mi estómago. No se si porque ya no me envenenabas a besos ni me contabas los lunares de la espalda o porque tus manos no me protegían de los monstruos de debajo de mi cama mientras duermo. Explotamos cada uno de los momentos de nuestro álbum para que ahora estén calcinados en el fuego de mi chimenea junto con todas las sabanas que antes habíamos compartido. Y pensar que antes solo quemábamos las sabanas con el fuego que encendías entre mis piernas. Y ahora aquí estoy tirada en el salón con el corazón tan roto como las medias e intentando reconstruir alguno de esos recuerdos a partir de las cenizas de tus besos.

No hay comentarios:
Publicar un comentario